Existen tres tipos de apego que se
pueden manifestar de diferentes formas en nuestras vidas. Debemos mirarlos con
profundidad para identificarlos y entenderlos.
Entender al
ser humano es imposible, lo que queda es tratar de entendernos a nosotros
mismos para avanzar, para encontrar nuestro camino a la felicidad. Esta
felicidad la alcanzaremos a través de nuestros desapegos.
Experimentamos la vida a través de nuestros sentidos. A
ella va llegando información variada de nuestros padres, familia, maestros,
etc. Estas vivencias están llenas de miedos y temores que constantemente van
cambiando. Cuando permitimos que estas vivencias se conviertan en creencia para
nosotros, es donde surgen los apegos, de acuerdo a la circunstancia que se está
viviendo. Algunos apegos pueden ser más fuertes que otros, y algunos
desestabilizarnos cuando perdemos eso que tanto necesitamos.
Apego
afectivo
Es muy usual que el amor por una persona, ya no sea
felicidad sino que se convierta en sufrimiento, es así como se convierte en el
apego afectivo. Se puede sentir celos, inseguridad y el miedo a perder a esa
persona amada. Aun estando con su compañero sentimental, se siente un vacío
interminable interiormente y una dependencia infinita.
Este apego es un vínculo afectivo que se desarrolla entre
dos personas, siendo el más habitual el que encontramos en la relación de madre
e hijo, suponiéndose que es la primera y más fuerte interacción social del ser
humano. Finalidad de este fenómeno no es más que la búsqueda del otro por la
sensación de seguridad y consuelo que obtiene el individuo, ya que como todos
sabemos, el ser humano se diferencia principalmente y entre otras cosas del
mundo animal por la característica de ser social, que necesita la integración con sus iguales.
Muchas personas creen que para amar se necesita sufrir;
la presencia del apego afectivo en los seres humanos es silenciosa, constante y
dañina. Todo esto se convierte en un círculo vicioso en donde el entendimiento
y la razón se pierden.
La individualidad, la libertad y la autonomía, son
consecuencias del amor verdadero. Estas son bases verdaderas del amor,
siguiéndolas todo se volvería un poco más armonioso y sin tanto sufrimiento.
Cuando la persona no puede poseer a quien desea, la
adicción afectiva hace su aparición. Ese deseo insaciable y el vacío que le
genera, lo trata de llenar con otro tipo de adicciones como la droga, el
alcohol, el sexo, la comida, etc.; entre otras adicciones que finalmente se
vuelven sus aliadas, llevando a la persona a estados depresivos o
disfuncionales, que en casos extremos, conducen a la persona por el camino del
sufrimiento, el homicidio o el suicidio.
Apego
material
Nos encontramos bajo una coyuntura social, protagonizada
por una fuerte cadencia de valores y principios humanos, de la cual podemos
salir bien librados si despertamos y reaccionamos a tiempo.
Cuando las personas centran su necesidad en tener y
poseer, llegan fácilmente donde jamás hubiesen querido llegar: vivir con una
persona que no quieren estar, hacer trabajos que odian realizar, estar en la
calle llevados por droga y el vicio, permanecer encerrados por el resto de sus
vidas en una cárcel, ya que en su afán de poseer, se obsesionan y cometen
delitos en medio de su inocencia, o en casos extremos intentar quitarse la vida
y uno de los casos más frecuentes, es pasar por encima de las personas que nos
rodean.
El apego materia, habla del hecho de sobrevalorar los
objetos materiales que acaparamos o queremos obtener en algún momento de
nuestras vidas, nos lleva a un continuo estado insatisfecho por aquello que no
podemos conseguir, y un temor constante por aquello que ya hemos logrado,
queriendo así, conservarlo con esmero. Es decir nuestra felicidad acaba
trasladándose a objetos materiales, alejándonos poco a poco de nuestra paz
interior, creyendo que no podemos vivir sin esas cosas y sufriendo ante la
ausencia de las mismas.
Todo esto se debe a que desde muy niños, nos educan en el
tener y poseer cosas materiales, y nos hacen creer que la felicidad se centra
en el tener, poseer y ostentar. Así caemos fácilmente en la trampa mental
de que valemos más por lo que tenemos
que por lo que somos.
Apego
ideológico
Si analizamos un poco la historia de la humanidad,
veremos que detrás de cada guerra y cada acontecimiento bárbaro que ha
sucedido; también ha existido un apego ideológico, una creencia falsa o un
fanatismo extremista.
Generalmente por defender ideas como: el nombre de Dios,
o la paz mundial, de un país, de una religión, de un partido político, o de una
causa cualquiera, arriesgan sus vidas y de las personas inocentes, sin
importar los resultados absurdos a los
que pueden llegar.
Las consecuencias de apegarse a una ideología pueden ser tan
absurdas como enfrentarse y separarse de la propia familia; contradecir sus
propios valores y raíces; endiosar a personas, hasta hacerles reverencias; ir
en contra de la ley de Dios violando mandamientos como “no matar”, “no robar”;
perder el norte de sus vidas, entre otras.
Solución
Revisa qué mantiene atada tu vida, que
realmente no te hace feliz nada ni nadie, ¿por qué vives de un sufrimiento o
haciendo sufrir a tus seres queridos?, ¿por qué terminas siempre solo, triste,
decepcionado e insatisfecho con lo que obtienes?. Es muy sencillo, revisa tus
apegos. Tu estado físico y salud serán tu carta de identificación hacia una
vida libre o esclava de los apegos.
Renunciando a muchas de las cosas que
esta sociedad nos dicta, podríamos descubrir, que nos queda tiempo y fuerza
suficiente como para encontrar nuevos lugares, personas y momentos, las cuales
nos brindarían la capacidad de entender que aquello que tanto valorábamos no
era realmente tan importante.
Recuerda que el apego no es la
felicidad, es simplemente una cadena que
ata al ser humano para su propia infelicidad. Se tú mismo, ama en libertad,
respeta la ideología de los demás; vales más por lo que eres que por lo que tienes.

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